Los hot cross buns llegaron a nosotros de la mejor manera posible: a través de una historia.
Los hacía la abuela de Helen —mamá de Maitu, cofundadora de Clem—, una señora que vivía en Inglaterra y que cada Pascua viajaba desde allá trayendo más que maletas: traía especias, calor de cocina y una tradición que se sentía en el aire desde que cruzaba la puerta.
Helen los recuerda bien: la masa reposando cerca de la ventana, el olor dulce metido por toda la casa, y las manos de su abuela marcando la cruz en cada bollito con esa seguridad que solo da haber hecho algo mil veces. No eran solo bollitos. Eran la señal de que la Pascua había llegado, de que estaban todos juntos.
Y como Helen tiene esa costumbre tan bonita de compartir lo que quiere —sobre todo a través de las recetas de su cafetería Vertiente en Bariloche—, esta temporada quisimos hacerle un homenaje a esa historia. Así nacen nuestros hot cross buns: fieles a la receta original, pero con el cariño de querer recrear un recuerdo ajeno como si fuera propio.

Porque sí, los ingredientes los puedes encontrar cualquier día del año. Harina, levadura, especias… nada del otro mundo. Pero lo especial se encuentra en la espera.
A mí me pasa exactamente lo mismo con el pan de muerto, ese tesoro dulce de México, mi país natal. El pan de muerto es un pan tipo brioche, suavecito, aromatizado con azahar y cubierto de azúcar por encima, que aparece en las panaderías mexicanas a mediados de octubre anunciando que se acerca el Día de Muertos. Podríamos comerlo todo el año, técnicamente. Pero no sería lo mismo. Su magia está en la espera, en el primer bocado de la temporada, en acompañarlo con un chocolate caliente mientras el aire afuera empieza a volverse más frío.
Los hot cross buns cuentan la misma historia. No es cuestión de cuándo puedes hacerlos, sino de cuándo decides hacerlos. Y Pascua tiene eso: es la excusa perfecta para bajar un cambio, encender el horno y cocinar para alguien más —o para ti, que también cuenta.
¿Son exactamente como los de la abuela de Helen? Seguro que no. Pero Maitu los probó hace unos días y no dejó ni uno para la foto. Creo que vamos por buen camino.
Esta receta es de las que se disfrutan tanto en el proceso como en el resultado. Perfecta para una tarde tranquila, para ensuciarse las manos con alguien más, o simplemente para regalarte un pequeño ritual en la cocina.
Aquí va.

Ingredientes
- 130 gramos agua tibia
- 15 gramos levadura fresca
- 50 gramos azucar
- 110 gramos mantequilla derretida
- 235 gramos leche tibia
- 560 gramos harina de fuerza
- 160 gramos pasas sultanas
- 5 gramos sal
- 10 gramos canela en polvo
- 5 gramos nuez moscada en polvo
- 5 gramos jengibre en polvo
Para la cruz:
- 50 gramos de harina
- 50 gramos de agua
- 15 gramos de aceite de oliva
Para el glaseado:
- 50 gramos de confitura de albaricoque
- 50 gramos de miel de abeja
Para la cruz: Mezcla todos los ingredientes en un bowl hasta obtener una pasta lisa y sin grumos. Ponla en una manga pastelera o en una bolsa con la punta recortada. Reserva.
Para la masa: Pesar todos los ingredientes (excepto las pasas) directamente en el bowl de la batidora. Batir a velocidad media durante 10 minutos hasta que todo se incorpore y se comience a despegar de las paredes. Añadir las pasas sultanas y amasar 2 minutos más a velocidad baja, solo hasta que se integren.
Primera fermentación: Formar una bola grande con la masa y dejarla reposar en un sitio cálido, tapada con un trapo o film. Tiene que doblar su tamaño — calcula entre 1 hora y 1 hora y media según el calor de tu cocina.
Formado: Volcar la masa sobre la mesa de trabajo y cortarla en porciones de unos 100 gramos cada una. Formar bollitos redondos con las manos y colócalos en una bandeja con papel de horno, dejando unos 2 cm entre ellos.
Segunda fermentación: Tapar la bandeja y dejar fermentar de nuevo en un lugar cálido hasta que los bollitos estén bien inflados y esponjosos. (Unos 45 minutos aproximadamente.)
Marcar la cruz y hornear: Precalentar el horno a 180°C. Cuando los bollitos estén listos, traza una cruz sobre cada uno con la manga pastelera. Hornea 10 minutos a 180°C, luego baja a 170°C y deja otros 10 minutos más, hasta que estén doraditos.
Glasear y servir: Nada más sacarlos del horno, calentar la confitura de albaricoque y la miel de abeja juntas unos segundos en el microondas, mezclar bien y pincelar cada bollo generosamente. Les da un brillo precioso y un toque dulce. Servir calentitos con mantequilla.
Notas:
— Si no tienes batidora, puedes amasar a mano: unos 12-15 minutos hasta que la masa esté suave y elástica. — Las pasas se pueden remojar 10 minutos en agua tibia o en zumo de naranja antes de añadirlas. Quedan más jugosas. — Si los quieres para el desayuno, puedes hacer la primera fermentación en la nevera toda la noche y hornearlos por la mañana.
